Está ubicado en la calle Santa Teresa, 12, a escasos 5
minutos de Alonso Martínez. Es una calle tranquila y discreta, al menos al
mediodía, al igual que el establecimiento.
Había hecho una reserva para mí y mi acompañante, por lo que
al llegar esperamos justo en la puerta (no tienen mostrador o espacio
recibidor). No tardaron nada en atendernos y acomodarnos en una pequeña mesa
pegada a una columna.
La sala en la que comimos, la primera entrando, es
bastante pequeña y estaba medio llena, a pesar de que era sábado. Sé que tiene
otras dos, pero no estuve en ellas. Es un espacio cuadrado, ideal para lo que
podría ser una cafetería o bar de tapas, me esperaba un local más amplio. Eso sí, la decoración
es bastante acogedora (vigas de madera, arcos), da la sensación de cercanía y
restaurante familiar, a pesar de tener ciertos toques de modernidad por los
motivos pintados en las paredes (muy argentinos).
La carta tiene los platos justos para no marearte, aunque me sorprendió que estuviese compartida
la parrilla argentina con pastas y pizzas.
De aperitivo la casa, acompañando al pan, pone una crema
de queso con toques de cebollino picado, lo cual es de agradecer mientras
esperas.
De primero fuimos a tiro fijo, probamos las empanadas
argentinas, una de ternera y otra de queso y cebolla. Estaban bastante buenas, especialmente la de
queso y cebolla, puesto que la masa estaba dorada al horno en su punto y el
queso perfectamente fundido, con un sabor moderado y ese punto final de
cebolla. (2,50 euros unidad).
De segundo pedimos el solomillo con salsa de champiñón y
lomo alto a la parrilla (todo de ternera, por supuesto).
El solomillo lo pedí
un “pelín” más que al punto, dije literalmente: “que no sangre”, ya que
rompería la salsa de champiñón ligada. Me lo trajeron muy hecho, lo que provocó
que estuviese duro y perdiese sabor por sí mismo, así que tuve que empaparlo
bien en la salsa, que estaba bastante lograda a pesar de que no encontré casi
champiñones. La guarnición era correcta: un par de trigueros (aunque deberían
eliminar la parte más dura del tallo), unas rodajas de patata al horno y unas
rodajitas de cherry. (23,90 euros)
El lomo alto estaba menos pasado y más tierno. Le faltaba
sal (a poder ser gruesa o en escamas) pero lo arreglamos con el salero de mesa.
Bien de sabor. De guarnición llevaba también rodajas de patata al horno. (16,90
euros)
Las cantidades que ponen, sobre todo en los segundos, son
copiosas, por lo que pedimos un postre para compartir (para terminar
dulcemente). Nos decantamos por la tarta de queso con frutos rojos, y desde mi
punto de vista tiene un aprobado justito. La base de galleta muy dura y la
tarta en sí estaba seca, lo que no solucionaba el sirope de frutos rojos. (5 euros)
La cuenta final para dos fue de 58 euros, un poco elevado
desde mi punto de vista. Es un local interesante para comer de menú (anunciaban
uno por unos 12 euros)
Valorando con los 5 sentidos...
Vista: acogedor y familiar. Agradable.
Oído: sin bullicio. Se puede comer con tranquilidad.
Olfato: nada que destacar, todo correcto. Buena ventilación,
no sales oliendo a parrilla.
Tacto: las mesas pequeñas, y las sillas un poco incómodas
disimuladas con una funda.
Gusto: El primero bueno, las carnes parecían de buena
calidad pero el solomillo no estaba bien. El postre muy justo. Cantidades
copiosas.
Saludos y abrazos.
Tu blog tiene muy buena pinta... se convertirá en uno de nuestros habituales!!
ResponderEliminarSuerte!!